viernes, 4 de abril de 2014

Quiero vs Tengo que

Durante mi formación como coach me impresionó una cuestión que a primera vista parece muy simple pero las repercusiones no lo son tanto, la diferencia entre “tengo que” y “quiero”.


Vamos a hacer primero una prueba,

1.- piensa dos tengo que. Ej. Tengo que estudiar
¿Ya los tienes? Pues ahora dime qué te remueven por dentro, qué te hacen sentir.

2.- ahora piensa en dos quiero. Ej. Quiero irme a la playa
¿Qué ves? ¿Qué te hacen sentir? ¿cual es la diferencia con los anteriores?

3.- Último paso,...
 sustituye en las frases del tengo que, por las palabras quiero.
Ej. quiero estudiar
¿Qué energía sientes ahora? ¿Has notado algún cambio?

Es sorprendente el cambio de actitud que provoca una palabra,¿verdad? Sabiendo y experimentando esto, ¿porqué no utilizarlo en nuestro beneficio? Nosotros tenemos la capacidad de movilizarnos, de cambiar nuestra actitud ante las cosas.

Estamos llenos de “tengo que”. Tengo que estudiar, tengo que ir a trabajar, tengo que ir a comprar, tengo que hacer la comida y millones más.

El tengo es obligación. Y que ocurre cuando digo "Tengo que"...

 

Yo me pillo muchas veces diciéndome “tengo que hacer la comida”, uff, menudo rollo, yo misma lo vivo como una obligación y a quien le gustan las obligaciones. Sin embargo, si me digo: “quiero hacer la comida”, ahí la energía cambia. Realmente me estoy diciendo que deseo hacer la comida, y me voy a la cocina con otra actitud, con intención de innovar, o hacer un plato más elaborado, o buscar alguna receta diferente, o simplemente con ganas de ir a cocinar.

¿Tu que prefieres obligación o deseo? Los humanos nos movilizamos por deseos no por obligaciones.
Teniendo en cuenta que nos hablamos a nosotros mismos durante todo el día, a todas horas, que te parece si nos hablamos de otra forma.

Está claro que no es tan fácil como parece. Las personas automatizamos procesos, que es una forma muy útil de rentabilizar los recursos del organismo. Imaginaos que cada vez que cogemos el coche nuestro cerebro comenzara a ordenar a nuestro cuerpo cada uno de los pasos. Llevaríamos todos la L toda la vida, y nos perderíamos otras cosas.  Por ese motivo, una vez aprendido un proceso se va interiorizando hasta que se automatiza y así esos recursos están disponibles para otras experiencias.
Amplia este ejemplo a otras áreas de tu vida, como los deportes, la música, las expresiones verbales, los gestos…

Cambiar los automatismos lleva un tiempo porque están tan interiorizados que los hacemos de forma casi inconsciente. Para cambiarlos lo primero es ser consciente del que no me gusta, y estar atentos a pillarnos haciéndolo, y en ese momento modificarlo. Después de unas cuantas veces, ese nuevo proceso pasará a ser un nuevo automatismo, solo que esta vez lo hemos elegido nosotros.
En el caso del tengo que y quiero, es lo mismo. Cuando te pilles con el tengo que, cambia a quiero.


¡Prueba a hacerlo que es gratis!
y luego me cuentas. 




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